Por José Francisco Reinoso Zayas
Triste despertar en la madrugada de hoy cuando al responder la llamada
telefónica, una gloria del atletismo cubano, Juan García Dumois, me dijo:
“Se nos fue Riverí”. Así conocí la partida física del padre, formador,
maestro, entrenador y dirigente Hermes Pausides Riverí.
Hace aproximadamente tres meses, con motivo de sus 89 primaveras, figuras
destacadas de baloncesto, esgrima, fútbol, atletismo, bádminton, pelota
vasca, remo, voleibol, junto a amigos y amigas, familiares, especialistas de
medicina deportiva e invitados festejaron el aniversario del hombre
admirado, querido y respetado, con el pique del key y el canto de feliz
cumpleaños.
Jovial como de costumbre, sensible y hasta con los ojos húmedos vimos a
ese gladiador del deporte cubano en la actividad de la Peña ENTRE GOLES Y
PASIONES, efectuada en un bello salón de la Unión de Juristas de Cuba, en
la capital cubana.
Allí se recordó parte de la vida y obra de ese moreno, nacido en Santiago de
Cuba el 29 de octubre de 1930, quien fue un sobresaliente atleta en el siglo
XX hasta el punto de lograr la medalla de plata en el relevo de cuatro por
cuatrocientos metros planos durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe
de Guatemala en 1950, en unión de Juan Suárez, Evelio Plana y el eminente
velocista pinareño Ángel García.
Especialista de 100, 200 metros y de la vuelta al óvalo, Pausides Riverí
corrió el hectómetro en 10,6 segundos, los 200 metros, en 21,4 y los 400 en
49,3
Jugó pelota y en un año se convirtió en campeón de bateo en la Unión
Atlética Amateur que dirigía José Ocejo en la antigua provincia de Oriente;
en el campeonato intercolegial de su ciudad natal, se erigió dos veces
campeón bateador
En el encuentro, también se resaltó su labor como dirigente deportivo, pues
encabezó el consejo de dirección de la otrora Escuela Superior de
Perfeccionamiento Atlético, ESPA nacional, ubicada donde hoy radica el Club
Habana en el municipio Playa.
Allí lo vimos, allí los conocimos, allí surgió la amistad y el cariño por
el ser humano, exigente, comprensivo, preocupado por sus alumnos, a quien
pedía disciplina y a la vez ayudaba con sus oportunos consejos.
De esa función, paso a otra, también formativa porque trabajó como
entrenador de atletismo y contribuyó notablemente al rendimiento de tres
deportistas con resultados regionales, olímpicos y mundiales en la
especialidad de disco: la campeona Centroamérica y medallista de plata en el
continente María Cristina Betancourt, el subtitular del orbe en Helsinki
1983 luís Mariano Delís y la reina olímpica de Barcelona 1992 Maritza
Marten.
Por su labor durante tantos años la Confederación Centroamericana y del
Caribe de Atletismo lo seleccionó para integrar el Salón de la Fama de su
deporte en la región en el añ0 2010.
Muchos méritos acumuló en su brillante trayectoria Hermes Pausides Riverí,
pero por sobre todos sus éxitos, destacaba su posición de principio, la
honestidad en la relaciones y su amor por el prójimo.
Se nos fue Riverí, se nos fue un padre, no sólo para sus hijas, sino
también para muchos de los que lo conocimos y apreciamos sus virtudes.
Llegue a su familia, a esposa, a Lorena y hermana, las más sentidas
condolencias de ENTRE GOLES Y PASIONES, del atletismo y de todo el
movimiento deportivo.